Cuando era pequeña, las niñas a mi alrededor querían ser princesas. Yo quería organizar fiestas, recepciones y cualquier evento plagado de magia. Por lo visto, antes incluso de decidir qué quería ser de mayor, ya lo había decidido.
Estudié en la universidad, me licencié en dos carreras y, mientras tanto, trabajé quince años en una perfumería. Allí conocí el valor de la belleza y, en ella, encontré una parte de quién soy hoy: porque el mundo beauty es un universo infinito de posibilidades.
Como toda persona que empieza, jugué a eso del “ensayo-error”. Aunque a mí me gusta más llamarlo cagarla como nadie… para no volver a tropezar con la misma piedra.
Me consolidé como diseñadora de eventos beauty y nació el proyecto que tenía en la cabeza: The Glam Day, considerado el evento por excelencia del maquillaje en España.
Una pandemia, mucho tiempo libre y demasiadas ganas de sobrevivir me regalaron mi mejor elección: formarme en procesos de mentorización en el sector beauty.
En las mentorías a maquilladoras descubrí lo que más me llena: ayudar a otras a profesionalizar su servicio, a empezar o a encontrar SU camino. Eso lo cambió todo.